En nuestras iglesias es muy común utilizar la musica como un medio de adoración, de hecho es el medio predilecto de adoración congregacional. El problema es que, siendo sinceros, la estamos utilizando incorrectamente, y sobre todo, como lo he vivido, ocurre en algunas Iglesias Pentecostales, Bautistas, Asambleas de Dios, que la música que se canta congregacionalmente en realidad no adora a Dios.

Muchas veces vemos como las canciones están dirigidas a tocar las emociones de los asistentes y pensamos que eso es espiritual y que le agrada a Dios. Asimismo he escuchado muchas veces la frase «esa alabanza me gusta», cuando en realidad la alabanza debe agradarle a quien va dirigida: a Dios. He escuchado a más de algún autodenominado «salmista» (que no se porque se llama así si no canta salmos), decir que «hay que crear una atmosfera especial»

Ante eso, debemos preguntarnos si la letra de lo que cantamos ¿adora realmente a Dios?¿Glorifica a Cristo?¿Nos recuerda la obra redentora de nuestro salvador?
Examine todo lo que en su iglesia cantan, y si las respuestas anteriores son un No, deben comenzar realmente a adorar bíblicamente.

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, define el acto de alabar como «Manifestar el aprecio o la admiración por algo o por alguien, poniendo de relieve sus cualidades o méritos». Por lo tanto, todo lo que cantemos, y todo lo que hagamos debe tener como finalidad poner de relieve las cualidades de Dios. Es cosa de dar un pequeño vistazo al libro de los Salmos (que dicho sea de paso, es el libro que Dios mismo nos dejó para que aprendieramos como alabarle y cantarle), para ver como los distintos autores de los Salmos exaltaban las cualidades de Dios, su poder, su misericordia, su justicia, su verdad, su gracia, entre otras (Salmo 9, Salmo 21, Salmo 150, son grandes ejemplos de lo anterior). Y asimismo, es lamentable como en nuestros cultos se pierde el tiempo cantando canciones antropocéntricas, que buscan tocar nuestras emociones o lograr nuestro bienestar.

Nuestra musica, al ser parte de la adoración, DEBE adorarlo a el. Reconocer sus virtudes, agradecerle por su sacrificio, glorificar sus atributos. En ningún caso, la musica es para nosotros. No se deben «crear atmósferas», o tocar emociones, ni hacernos sentir bien a nosotros. Nuestra mayor plenitud, la alcanzamos cuando exaltamos a nuestro Dios, y sus cualidades, para prepararnos para la eternidad (Apocalipsis 22:3) cuando todos cantemos juntos al SANTO, SANTO, SANTO.

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