Muchos de los debates teológicos inician por la cuestión de la doctrina de la depravación. Desde los primeros siglos de la iglesia, no se ha logrado un consenso universal sobre la importante cuestión, de la extensión del pecado y depravación del ser humano. Sabemos, por supuesto, que el pecado ha afectado a la humanidad, que lo ha separado de su creador, que ha corrompido la naturaleza humana, pero en las diversas corrientes teológicas, no existe aún unidad en cuanto a la profundidad del resultado del pecado en la humanidad. Ante esto, es que el presente trabajo, pretende entregar pautas que ayuden a comprender la implicancia y profundidad del pecado en el ser humano.

Afirmamos aquí, que la naturaleza del hombre y la mujer, antes de creer en el evangelio, es que se encuentra corrupta totalmente, doctrina que se conoce  generalmente como “depravación total”, y para apoyar esta afirmación, nuestro sustento se encontrará en las escrituras mismas, aunque también se citarán diversos autores que nos ayudarán a comprender mejor como las escrituras afirman que el hombre, a causa del pecado, es totalmente corrupto.

Pero a través del presente ensayo, no se pretende realizar un tratado acerca de la doctrina de la depravación total del hombre, sino más bien analizar ciertas implicaciones que la depravación total provoca en la humanidad y cuál es el remedio para esta horrible problemática.

LA REALIDAD DEL PECADO

Al conversar con la mayoría de personas no cristianas, en una ligera charla, y presentarles el evangelio, la mayoría no encuentra la necesidad misma del evangelio, debido a que no se perciben a sí mismas como pecadores, sino por el contrario, la gran mayoría confiesa ser una buena persona. Lo anterior resulta extraño, toda vez que es común ver en los canales de noticias, como las calamidades y atrocidades cometidas por diversas personas, ocupan la gran parte de la franja de los noticieros de todo el mundo.

El problema aquí entonces es que las personas desconocen su propia maldad, rechazando el hecho de que son pecadores, por dos razones: porque no conocen las escrituras, o bien, porque no se les ha predicado el verdadero evangelio.

Para realizar una consideración entonces de cómo ha afectado el pecado al hombre, debemos reconocer la realidad del pecado y así poder definirlo. En Romanos 3:23, el apóstol Pablo nos dice que “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, estableciendo así la universalidad humana del pecado. En este pasaje, el vocablo griego que se traduce por pecado es “hamartia”, el que proviene de la arquería, utilizado cuando un arquero fallaba al blanco fijado. Para R. C. Sproul, “el significado Bíblico va más al fondo, porque fallar el blanco implica simplemente un error menor. La verdad es que la medida de rectitud, el blanco al que apuntamos, es la ley de Dios[1]”. Por lo tanto, nuestro fallar el blanco, es fallar al intentar cumplir la medida de rectitud de Dios.

Para Wayne Grudem, la definición de pecado es “no conformarnos a la ley moral de Dios en acciones, actitudes o naturaleza[2]”. Esta definición nos entrega un margen bastante amplio, en relación al estándar que debemos cumplir, el que por supuesto, ningún ser humano puede alcanzar. El no conformar nuestra vida completa a la ley moral de Dios, trae consecuencias desastrosas para el hombre. Por experiencia nos damos cuenta que el pecado perjudica no solo eternamente sino que actualmente. Trae sufrimiento, miseria y dolor, para el pecador, y para quienes lo rodean. Las consecuencias del pecado son serias, y al vivir en un mundo caído, vemos día a día estas consecuencias a todo nuestro alrededor.

Sobre esta realidad del pecado, Sproul mismo dice que “nunca debemos concluir que el pecado es una ilusión. El pecado es real. El pecado es misterioso, pero hay una realidad del mal en la que todos participamos. Es algo con lo que estamos relacionado en forma profunda, íntima y personal en el alma y en el corazón[3]”.

EL ALCANCE DEL PECADO EN EL COMPARTAMIENTO HUMANO.

Para el autor Anthony Hoekema, el pecado original ha producido una contaminación en el hombre, contaminación que tiene que ver con la condición moral del hombre, y como el pecado original ha corrompido la naturaleza de toda la raza humana[4]. En cuanto a esto último, existen diferencias doctrinales en cuanto al alcance que ha tenido esta corrupción sobre el hombre. ¿El hombre puede hacer el bien?¿El hombre puede acercarse voluntariamente a Dios?¿Puede el ser humano dejar de pecar? Todas estas preguntas se responderán de acuerdo a la posición teológica que tenga el interlocutor, y en este ensayo, lo abordaremos según la perspectiva reformada, que creemos, es aquella que las mismas escrituras presentan.

La perspectiva reformada sobre la corrupción del hombre, se conoce generalmente como “Depravación total”. La doctrina de la Depravación Total, dice que el hombre que aún no ha sido regenerado por el Espíritu Santo, nunca puede hacer ningún bien que sea agradable a Dios, y, de hecho, hace y busca siempre el mal. Esta doctrina es parte fundamental de la doctrina reformada y es la primera parte de lo que se conoce como “TULIP” o los cinco puntos del calvinismo.

Más profundamente esta doctrina nos dice que “Toda la humanidad ha sido afectada, dañada, y distorsionada por la entrada del pecado al mundo. Esto no significa que el hombre es tan malo como pudiera ser, sino que cada aspecto de nuestra vida está afectado por el pecado, de manera que estamos muertos en nuestros delitos y pecados (Ef. 2:5), y no podemos cambiar nuestra situación por nosotros mismos”[5].

Esta posición, nacida a través de las sesiones del sínodo de Dort, se transforma en la antesala del conocimiento del plan de salvación de la humanidad. El plan de Cristo era venir a buscar aquello que se había perdido, y justamente este punto habla sobre cuán perdida se encuentra la humanidad. La Biblia afirma repetidas veces que el estado natural del hombre es un estado de depravación total y, por lo tanto, hay una incapacidad total por parte del hombre para ganar o para contribuir a su propia salvación, y esto es a causa de la maldición de Dios sobre el pecado de Adán, cuando le advirtió que si comía de la fruta, ciertamente moriría, y ciertamente murió (Rom. 5:12).

Para la mayoría de los autores, “La depravación total hace incapié en el impacto devastador del pecado sobre la persona, y cubre tres conceptos relacionados: 1) la contaminación y corrupción de todos los aspectos de la persona; 2) la incapacidad total de la persona de agradar a Dios; y 3) la universalidad en la que todos son concebidos, y nacen como pecadores[6]. Al unir estos tres aspectos, notamos inmediatamente como es que la caída produjo tal quiebre en la naturaleza del hombre, mostrando la realidad de esta corrupción total que es clara en las escrituras, pero también en el reflejo de cualquier ser humano de la tierra.

IMPLICACIONES DE LA DEPRAVACIÓN TOTAL EN LA HUMANIDAD

            La doctrina de la depravación total, y aun considerando los tres conceptos relacionados anteriormente, no enseña, como pudiera parecer, que el hombre o las personas actúen siempre deliberadamente todo lo mal que les fuese posible. Y asimismo, por el contrario tampoco significa que el hombre no pueda realizar en ocasiones, actos que parecieran bondadosos y buenos. Sin embargo, si significa que el pecado ha producido una afectación tal en la humanidad, que se ha corrompido todo el ser de la persona, tanto lo material o físico, como lo inmaterial o espiritual del ser. Como dice el apóstol Pablo, “más para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas” (Tito 1:15). Ciertamente la maldición de la muerte, nos persigue. La vida para los habitantes de la tierra se ha vuelto desdichada. Las enfermedades cada día aumentan. Y todo esto es debido al pecado afectando la unidad del ser del hombre. Respecto del hecho de que el hombre realiza actos bondadosos, aun estos actos que externamente parecieran correctos, igualmente se encuentran lejos de agradar a Dios, porque provienen ya sea de una mente reprobada o porque estos mismos actos son buenos solo en apariencia, pero esconden en el hecho, una sed de orgullo, vanagloria autoestima que se contradicen con el objeto de todo que debe ser solo Dios.

            Pero ahora cabe preguntarse ¿De qué formas o en qué áreas especificas ha corrompido al ser humano el pecado? ¿Para qué ha quedado inhabilitado el hombre y la mujer en las esferas de la vida?

a) El ser humano se encuentra en un estado de corrupción total, que alcanza holísticamente a todo su ser, desde el nacimiento hasta la muerte, estado que solo puede superarse a través de la obra redentora de Cristo. Así lo establece la Confesión de fe de Westminster, en el apartado 2º del capítulo 6, que dice “Por este pecado cayeron de su rectitud original y perdieron la comunión con Dios, y por tanto quedaron muertos en el pecado, y totalmente corrompidos en todas las facultades y partes del alma y del cuerpo[7]. Esta corrupción afectó drásticamente todo el ser, no solo lo espiritual o inmaterial  de la humanidad, sino que la unidad completa del mismo. Así mismo lo desarrolla Hoekema, cuando dice “la corrupción del pecado original alcanza todos los aspectos de la naturaleza humana: a la razón y voluntad tanto como a los apetitos e impulsos de la persona[8]”.

b) El hombre no regenerado elige libremente pecar, porque al encontrarse su naturaleza corrompida es para lo único que se encuentra capacitado. Así lo desarrollan constantemente las escrituras, al relatarnos desde el Génesis en la caída, como el hasta entonces perfecto Adán dejó su perfección y se convirtió en esclavo del pecado, su verdadero libre albedrío pasó a escoger sistemáticamente el mal, pasó de ser justo a convertirse en injusto, imputando esta nueva naturaleza pecaminosa a toda su descendencia. Como bien expresa Hoekema sobre este punto “El pecado no deja nuestra naturaleza sin
afectarla sino que la perturba de manera profunda. Después de una acción pecaminosa ya no somos los mismos. Las acciones pecaminosas emanan de una mala naturaleza y, cuando no se controlan, conducen a hábitos pecaminosos y, en última instancia, a esclavitud pecaminosa. Vienen a la mente las palabras de Jesús, «Ciertamente les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado»
(Jn. 8:34)[9]”.

c) El ser humano ha quedado inhabilitado o completamente corrompido para alcanzar redención
por sus propios medios
. Si bien, la extensión de este breve ensayo, no nos permite profundizar en este aspecto de la doctrina de la depravación, se debe mencionar que la doctrina reformada es enfática en este punto, ya que el hecho de la imposibilidad del hombre para alcanzar salvación por sí mismo, exalta y entrega la gloria solo a Dios. Para el autor Gresham, “El hombre caído, según la Biblia, es incapaz de contribuir en lo más mínimo al gran cambio por medio del cual pasa de la muerte a la vida. Todo
aquel en quien ese cambio se produce tiene desde luego fe en Jesucristo; por medio de ese acto personal de fe se une al Señor Jesucristo. Pero el detalle está en que esa fe la produce en él el Espíritu Santo de Dios[10]
”. Asimismo, el está tan convencido de esta posición, que agrega seguido “Esto es tan fundamental en la Biblia, la Biblia insiste tanto en ello, que parece en verdad extraño que personas que creen en la Biblia lo nieguen”.

d) El ser humano se encuentra en un estado donde todas sus relaciones interpersonales se encuentran dañadas. El pecado corrompió la relación más importante de la humanidad: su relación con Dios, como Pablo nos indica “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Rom. 3:23)”. Pero no solo eso, como somos imagen de Dios, y esta relación se encuentra dañada, ha provocado que todas las otras se encuentren en un estado similar. Se ha corrompido el matrimonio, se han corrompido la relación entre los padres y los hijos. Las relaciones laborales son abusivas para el trabajador. Aquellos que están en el poder político son corruptos buscando su propio beneficio. Incluso en el área eclesiástica, hemos visto como pastores de iglesias se aprovechan de los diezmos y ofrendas para su propio beneficio económico.

d) El ser humano, necesita de la obra redentora de Cristo. El gran problema del hombre no es la economía, el hambre, las enfermedades, el trabajo o las guerras. El gran problema de la humanidad es el pecado, y si no lo soluciona, las consecuencias eternas son terribles y temibles. Pero Dios, que es siempre bueno e infinito en misericordia, no ha pasado en alto su propia justicia, por lo que el ha provisto un medio de salvación para la humanidad, a través de la obra de Cristo, quien fue nuestra justicia. Hemos visto como el pecado ha corrompido en diversas esferas a la humanidad, de tal manera que le es imposible al hombre poder realizar algún acto digno del favor de Dios.


[1] R. C. Sproul, “Todos somos teólogos”, Pag. 115

[2]Grudem, Wayne. “Teología sistemática”, Pag. 513.

[3]Íbid. Pag. 116.

[4]Hoekema, Anthony “Creados a imagen de Dios”, Pag. 197.

[5] Reyes-Ordeix, Gabriel, ¿Qué significan los cinco puntos del calvinismo?. Artículo web disponible en https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/que-significan-los-cinco-puntos-del-calvinismo-coalicionresponde/

[6] MacArthur y Mayhue, “Teología sistemática”, Pag. 476.

[7] Confesión de fe de Westminster, disponible en el siguiente link: http://www.iglesiareformada.com/Confesion_Westminster.html#anchor_20

[8] Íbid, Pag. 198

[9] Íbid, Pag. 204

[10] Gresham, John. “El Hombre”. Pag. 122

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