Podríamos decir que entre los siglos XIX y XX la amenaza más grande para el cristianismo no provino de otras religiones, como se pensaría que podría haber sido el Islam o las religiones orientales, sino que la mayor amenaza para el cristianismo provino de la misma cristiandad. A este peligro se le conoce comúnmente como “Teología liberal”, la cual se considera a si misma como teología cristiana, pero niega muchos de los asuntos importantes de la verdadera ortodoxia bíblica.
Al parecer las circunstancias políticas, económicas y sociales de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX hicieron pensar que el cristianismo iba a desaparecer. Sumado a lo anterior, encontramos la revolución francesa, la independencia americana, y el desarrollo tecnológico con la revolución industrial, afirmaban fuertemente esto. La frase de Nietzsche “Dios ha muerto”, si bien tenía otro significado, pareció resonar fuertemente en la cultura occidental y en los países desarrollados de Europa principalmente. Fue especialmente en Alemania donde podemos ver como todo este contexto hizo posible el auge de la teología liberal, con la aparición de diversos teólogos de un trasfondo cristiano ortodoxo, pero que a la vez negaban o cuestionaban asuntos fundamentales de la doctrina cristiana.
QUE ES EL LIBERALISMO TEOLÓGICO.
Para Gresham Machen, respecto del liberalismo dice que “La gran religión de la redención, que ha sido conocida siempre como cristianismo, está batallando en contra de una creencia religiosa completamente distinta, la cual, usando terminología tradicionalmente cristiana, se hace aún más destructiva. Esta religión moderna, que no tiene nada de redentora, se llama modernismo o liberalismo”.
El problema que surgió con el liberalismo, es que en su intento por reconciliar el cristianismo con la ciencia moderna ha implicado renunciar a todo lo distintivo del cristianismo, por lo que la mayor critica que se le podría realizar es que en el ánimo de conciliar la ciencia con la Biblia, optó por la ciencia.
PRINCIPALES EXPONENTES DEL LIBERALISMO TEOLÓGICO. Podemos encontrar al liberalismo que surge de la filosofía alemana y tiene como principal representante a Schleiermacher. También encontramos al que surge de la filosofía de Kant y tiene como representante a Ritschl. Y también, vemos el que surge de la filosofía de Hegel y está representado por Bierdemann. Todos ellos, principalmente autores y exponentes del liberalismo teológico del siglo XIX, usaron los métodos críticos literarios, históricos y sociológicos para interpretar las Escrituras. En general el concepto de Jesús que proponían, es que fue un hombre especial lleno de lo divino. Rechazan lo sobrenatural y enfatizan la continuidad entre lo humano y lo divino.
Otros autores liberales prominentes del siglo XIX, fueron Adolf Von Harnack, quien promulgó el evangelio social, de acuerdo a su visión paternal de Dios y la hermandad de los hombres; Albert Schweitzer quien dijo que Jesús enseñó erróneamente que el fin del mundo estaba cerca; y quizás el más famoso de los liberales, fue Karl Barth, teólogo suizo y fundador de la neo-ortodoxia, siendo su principal enseñanza, el que la Biblia se hace palabra de Dios, según es leída. Además, enseñó que Génesis 3 es una leyenda bíblica y que Adán no es un hombre, sino un símbolo de toda la raza humana en estado de transgresión. El pecado del primer hombre no afectó a toda la raza humana en el pecado. La Biblia no es la revelación de Dios, sino un testigo de esa revelación.
PELIGROS DEL LIBERALISMO TEOLÓGICO. Si los teólogos del siglo XIX pensaron que vivieron en una época donde la religión estaba menoscabada, y que parecía que se iba a extinguir, cuanto más este temor pareciera ser aun mayor hoy. Vivimos en una sociedad posmoderna, poscristiana. Los creyentes hemos pasado a ser como una especie de enemigo para todo el progresismo social, en donde el relativismo ha permeado aún más las universidades, centros de investigación, política, gobiernos y familias. Y si, es bueno evaluarnos y preguntarnos que y como debemos actuar como iglesia ante esto.
a) La inspiración de las escrituras. Comenzaremos por el principal ataque que recibe el cristianismo ortodoxo, que es precisamente decir que las escrituras en realidad no son inspiradas. Al negar la inspiración de la Biblia, automáticamente afecta esto los demás aspectos de la fe cristiana, como lo son la inerrancia e infalibilidad de las Escrituras, porque, si ellas no fueron inspiradas por Dios, y solo provienen de la mente de los hombres que las escribieron, es muy probable que contenga errores.
b) La búsqueda del Jesús histórico. Sugieren los liberales, que el Jesús que aparece narrado en las Escrituras, no es el mismo que el Jesús histórico, ya que dejan entrever que es posible que los autores de los evangelios agregaron cualidades de Jesús que no existían realmente. Ocurrió que en esencia trataron de reducirlo a un buen tipo que nunca pudo hacer un milagro, nunca afirmó ser Dios y fue mal interpretado en gran parte por el judaísmo del primer siglo. Niegan la encarnación de Dios en Cristo, la obra expiatoria y su resurrección.
c) Los mitos de la Biblia. Para muchos de los teólogos liberales, una gran cantidad de pasajes de las Escrituras, son en realidad solo historias mitológicas, que no fueron históricas. Es así como el relato de Génesis 3, fundamental para toda la historia de la redención, es para los liberales, solo un mito. Para los liberales, todo aquel relato de las Escrituras, que no concuerda con la razón, debe ser rechazado. Asimismo, los liberales rechazaron los relatos de los milagros, especialmente los narrados en los evangelios, por contradecir la ciencia moderna.
La teología liberal viene marcada por el moderno rechazo de la autoridad, incluso la de la revelación divina. Sin duda que desechar la autoridad de las escrituras principalmente, elevando a la razón humana por sobre la revelación divina, es la mayor razón para que nuestras iglesias no permitan la entrada de la teología liberal. Para el liberal, en primer lugar está la razón y luego la revelación de Dios. El evangélico, sin embargo, invierte este orden, es decir, primero la revelación, luego la razón. No podemos tener una mente abierta a todo aquello que tenga apariencia de intelectual o académico, solo porque tenga estudios de doctorado, sino que nuestra conciencia, tal como lo dijo el monje agustino del siglo XVI, Martín Lutero, debe encontrarse cautiva a la palabra de Dios.
Al ser fieles al evangelio seremos necesariamente considerados fuera de moda a los ojos de muchos de los principales pensadores filosóficos y religiosos del día de hoy. Si bien debemos evitar el anti-intelectualismo por un lado, también debemos protegernos contra el encanto de todo lo que es popular en la comunidad académica secular y eclesial. Lo correcto es entonces volver determinadamente a las escrituras, nuestra única regla de fe y de práctica.






Deja un comentario