Si hay algo que caracteriza a este mundo caído, especialmente en esta época, es el sufrimiento y dolor. Dolor causado, en muchos sentidos, por la propia caída y pecado existente en el corazón del hombre. Vemos el reflejo de esta caída, en las guerras, la mala distribución de la riqueza, las injusticias, pero también cuando un médico anuncia el diagnóstico de una grave enfermedad, o cuando la policía informa el fallecimiento de un ser querido producto de un accidente de tránsito, o cuando un matrimonio termina abruptamente por un divorcio.

Algunos más, otros menos, pero todos por alguna razón u otra hemos experimentado una cuota de sufrimiento, angustia y dolor. Pero ¿Qué o cuales son las circunstancias que nos llevan a experimentar aquellas emociones? Si es algo que no queremos vivir voluntariamente, ¿hay algo que podamos hacer para evitarlas, o al menos minimizar sus efectos angustiosos en nosotros?

He comenzado señalando que la causa del dolor en este mundo, la podemos atribuir directamente al pecado y la caída, como lo afirman las Escrituras, ya que como dice Tim Keller “El libro de génesis comienza con el relato de como la maldad y la muerte llegaron al mundo”1, es decir, las Escrituras comienzan mostrándonos la realidad del pecado y la maldad como causa del problema de la humanidad, y con esto me refiero de un modo tanto general, como específico, a que el pecado es el causante de que suframos ¿Por qué? Porque si pensamos en aquellos motivos que nos provocan dolor que obedecen a causas naturales, como por ejemplo una catástrofe asociada a un huracán, un terremoto, un tsunami, tienen que ver con la realidad de la caída y como esta afectó a la naturaleza. Entonces encontramos que la causa primaria del dolor allí en la catástrofe no es la naturaleza misma, sino que es el pecado que como consecuencia generó anomalías en el curso normal de la creación. Pero también, si vamos a asuntos más específicos aún, como la muerte de un ser querido por un accidente de tránsito, donde un sujeto pasó por alto la existencia del semáforo en rojo, podemos darnos cuenta como la impiedad y pecaminosidad humana reflejada en el acto de la desobediencia a las leyes del tránsito, ha causado también dolor en otro individuo al quitar la vida de un ser querido; o lo podemos ver en el divorcio de un matrimonio que se termina por causa de la infidelidad de uno de los cónyuges. Allí está el pecado causando dolor y aflicción.

El pecado entonces causa estragos en el corazón, y nos acompaña en nuestro vivir provocando miseria y dolor como algo tan normal y común en la vida de las personas, que muchas veces no nos detenemos a pensar si hay alguna salida o solución a este compañero indeseable. Pero ¿Cuáles son las circunstancias que en específico llevan a una persona a sentir dolor?

Circunstancias, manifestaciones y consecuencias del dolor en las personas.

Las Escrituras nos aseguran que pasaremos por dolor en la vida. No es algo opcional para nadie. La cuestión entonces no es si sufriremos o no, sino el cómo las personas experimentan o atraviesan por el dolor, y que circunstancias contribuyen a la existencia de circunstancias dolorosas. A la vez, es necesario poder entregar respuestas bíblicas a quienes acuden en busca de ayuda cuando pasan por sufrimientos, y no meras palabras vacías que sólo son moralizantes, pero en nada ayudan al afligido.

Si la causa primaria de donde proviene nuestro sufrimiento es el pecado, también es necesario señalar que hay factores que contribuyen al pecado. Podemos mencionar como algunas circunstancias que contribuyen al sufrimiento:

El ambiente que nos rodea. Al referirme a “ambiente”, no lo hago solo con el sentido de señalar a la naturaleza a nuestro alrededor, sino que a todo aquello que nos rodea: el lugar geográfico donde vivimos, las personas de nuestra comunidad, la ciudad, la industria, mis vecinos, entre otras cosas, porque todo eso que nos rodea, de cierta forma permea nuestra propia vida, e influye en nuestra forma de pensar, y de afrontar las diferentes situaciones de la vida.

El entorno familiar. Sin duda la familia puede ser el gran soporte que nos sostiene en las dificultades, o bien, son precisamente una gran causa de sufrimiento para los individuos. Las conductas realizadas por nuestros padres influyen directamente en la personalidad de los hijos, afectando el modo de conducir sus propias vidas dada su experiencia vital, y se debe tener presente el apego, las muestras de afecto, el abandono, la unidad familiar y el trato entre los miembros de la familia.

Las Enfermedades y la muerte. Una de las circunstancias que más sufrimiento provocan son aquellas que son más bien accidentales o inesperadas en nuestra vida, y que se relacionan con las enfermedades que nos afectan, los accidentes catastróficos, o toda aquella circunstancia que está relacionada con la salud y la muerte.

Jerry Bridges agrega lo siguiente: “La adversidad y el sufrimiento emocional se presentan de diversas formas. Puede ser el dolor de un matrimonio desdichado, la decepción de una maternidad frustrada, o la pena por un hijo espiritualmente indiferente o rebelde. También existe la ansiedad de la persona que pierde su empleo siendo el único proveedor del hogar, y la desesperación de una joven madre al enterarse que tiene una enfermedad mortal”2. Por ello es que en este mundo caído y lleno de corazones pecadores, estamos expuestos a una infinidad de situaciones que nos afectan, dejando expuesto nuestro propio corazón a una posible crisis de fe, o desánimo, angustia, y hasta enojo.

En cuanto a las formas en que el dolor se manifiesta en estas circunstancias, estamos hablando de un dolor interno de tipo emocional, no físico, aunque en ciertas ocasiones pueda tener somatizaciones, mediante el cual se expresa el malestar emocional a través de síntomas físicos. Podemos ver que dentro del abanico de manifestaciones del dolor, encontramos la amargura, soledad, retraimiento, tristeza, depresión, frustración, desánimo, desesperación, ansiedad. El mismo Bridges, agrega lo siguiente al respecto que “Todas estas circunstancias contribuyen más a la ansiedad y dolor emocional que todos vivimos en diferentes momentos y en diversos grados. El dolor es repentino, traumático y devastador. Otras adversidades son crónicas, persistentes y aparentemente diseñadas para desgastar nuestro espíritu con el paso del tiempo”3.

¿Que enseñan las Escrituras acerca del dolor y la experiencia cristiana?

Lo primero que Podemos decir, acerca de que es lo que las Escrituras dicen sobre el dolor y sufrimiento, es que sufriremos y tendremos dolor. Cristo mismo lo anuncia y asegura “En el mundo tenéis tribulación”4. No está diciendo “quizás” o “probablemente”, sino que lo anuncia como la certeza más grande de la vida en este mundo: La vida terrenal está marcada por tribulaciones, problemas, sufrimiento y dolor.

Pero, así como las Escrituras señalan esta certeza, nos han mostrado la causa, que está en el pecado, y fue el pecado el que trajo la muerte: Romanos 5:12 “Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron” (LBLA). Por tanto, las escrituras confirman lo planteado más arriba, que la causa primaria del dolor es el pecado, no Dios. Así continúa Pablo en Romanos 8:22 “Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora”. Los dolores y sufrimientos que se esparcen por toda la creación, son causados por el pecado, ya sea este como agente que corrompió la creación y eso de forma impersonal nos trae sufrimiento, como a través de un suceso natural o una enfermedad; o bien, a través de la actividad humana culposa como en un accidente de tránsito, cuando un conductor pierde el control de su vehículo y choca a un peatón quitándole la vida, o una actividad humana dolosa como cuando alguien causa algún mal deliberadamente.

Pero, así como las Escrituras enseñan la causa del dolor y aflicción humanas, y quizás allí muchos se pregunten dónde está Dios en medio de todo este sufrimiento, las Escrituras también proveen una solución a esta calamidad, y nos ayudan a que aprendamos a mantener una vida de propósito en medio del dolor y sufrimiento.

No se puede subestimar la importancia de las Escrituras en cuanto a todo lo que estas dicen sobre el asunto del dolor humano y el sufrimiento. Pero hay esperanza. Ciertamente si Dios quiso que su Palabra contenga la historia de como el pecado entró a la historia, y con el la muerte y el dolor, también él se encarga de que su palabra provea entonces los medios necesarios para que, especialmente sus hijos, puedan tener victoria sobre este problema de la humanidad. Entonces ¿Qué dicen las Escrituras acerca del dolor humano?

1: Que hay Esperanza en medio del dolor.

En la epístola de Santiago, se nos dice que “tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1:2 LBLA). Si el autor de dicha epístola menciona que encontrarse en pruebas que producen aflicción es motivo de gozo, es porque en la aflicción hay algo más que solo una circunstancia dolorosa. El apóstol pablo refuerza esto, al mencionar que los creyentes tienen esperanza, cuando escribe a los colosenses que “causa de la esperanza reservada para vosotros en los cielos, de la cual oísteis antes en la palabra de verdad” (Colosenses 1:5 LBLA). Para Pablo, quién ciertamente sabía de dolores y sufrimientos, no importaba la situación en que estuviese, pues el tenía esperanza, y la esperanza bíblica no es una especulación de algo que podría pasar, sino que es una expectación de algo que va a suceder.

En el libro la Consejería del pastor John Macarthur, se señala que “la verdadera esperanza se enfoca en los gloriosos planes de Dios, que dice ¨mi consejo permanecerá y haré lo que quiero¨ (Isaías 46:10 LBLA). Por tanto, esta esperanza nunca se diluye; ni aún a través de circunstancias desagradables”5.

2: Esa Esperanza ante el sufrimiento es Dios mismo.

1 Pedro 1:13 tiene un gran aliento de esperanza: “Por tanto, ceñid vuestro entendimiento para la acción; sed sobrios en espíritu, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traerá en la revelación de Jesucristo”. La verdadera esperanza del creyente se encuentra en la persona de Jesucristo, y la que llegará una vez ocurra la plena manifestación de su gloria en su venida, que como decía Pablo, dicha esperanza está reservada para nosotros en los cielos, y Pedro confirma que descenderá de nuevo, trayendo consigo toda la esperanza que necesitamos ¿Por qué? Porque el es el cumplimiento mismo de nuestros mayores deseos y pasiones.

Podemos tomar el ejemplo narrado en el libro de Daniel, cuando el rey envió a los jóvenes israelitas al horno ardiente de fuego. Fueron echados tres allí a morir dolorosamente, pero el mismo rey veía no a tres, sino a cuatro personas en medio del fuego ¡sin sufrir daño alguno! ¿Qué fue lo que tenían estos jóvenes que fueron librados del fuego? Esperanza en Dios, pues la respuesta de ellos antes de ser arrojados fue “Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tu mano, oh rey, nos librará. 18 Pero si no lo hace, has de saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses” (Daniel 3:17-18 LBLA). ¿Sientes como el dolor te echa al horno de fuego? ¿sientes las llamas ardiendo más de lo normal?

De acuerdo a Tim Keller, Los creyentes del Nuevo Testamento “sabemos que este era el Hijo de Dios, el que siglos después enfrentó un horno de aflicción infinitamente peor cuando fue crucificado”6. Este mismo Jesús, ha prometido estar con nosotros. Cuando él envió a los discípulos en la gran comisión les dijo “y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20 LBLA). ¿Puedes ver a Dios contigo en medio del fuego? El ha prometido estar allí contigo, no para quemarse e inmolarse junto a ti, sino que el ya cargó tu aflicción, cargó tu dolor, tu sufrimiento, todo lo que te puedas imaginar, Cristo lo ha experimentado, el es el varón de dolores. ¿no crees que no se compadece de tu situación? El fue a la cruz para tener victoria por aquello que causó tu dolor: el pecado, ¡y lo venció! Cristo ha vencido la causa primaria del dolor que es el pecado, por lo tanto, confía en el para atravesar toda aquella aflicción, porque recuerda, tu esperanza está segura en el cielo, y un día descenderá majestuosa y gloriosamente en la persona de Jesucristo. Jesús prometió estar con sus discípulos al enviarlos. “Él no los dejaría sufrir en sus propias fuerzas. No los abandonaría a su propia posición política. No los dejaría confiar en su propia sabiduría. Él les daría a estos leales sufrientes la mejor seguridad de todos —la seguridad de que Él siempre estaría con ellos. Él no pensaría en enviarlos a la crueldad de este mundo caído sin acompañarles. Sabía a lo que se enfrentaban, y les daría lo que necesitaban —y, más que nada, lo que necesitaban era a Él”7. ¿Él es suficiente para ti?

1 Keller, Timothy. Caminando con Dios a través del sufrimiento. Pág. 12.

2 Bridges, Jerry. Confiando en Dios aunque la vida duela. Pág. 14.

3 Ídem.

4 Juan 16:33, versión LBLA.

5 MacArthur, John. La Consejería. Pág. 165.

6 Keller, Timothy. Caminando con Dios a través del sufrimiento. Pág. 18

7 Tripp, Paul. Dos versículos me sostuvieron durante el sufrimiento. https://www.desiringgod.org/articles/two-verses-held-me-through-suffering?lang=es

Si te ha gustado este artículo u otros de la página, me puedes apoyar, regalándome un café, dando click AQUÍ

Deja un comentario

Tendencias