Una Mirada Pastoral a la Crítica Textual

Uno de los desafíos que muchos pastores enfrentan hoy es cómo explicar la crítica textual sin que su congregación entre en duda o escepticismo. De hecho, yo mismo enfrenté muchas dudas acerca de la crítica textual hasta hace un tiempo, cuando la pude diferenciar de la conocida como la Alta Crítica.

Una de las muchas alegrías como cristianos, es que tenemos diversas versionas de la Biblia, fácilmente asequibles para nosotros, pero … ¿Qué hacemos cuando en nuestra Biblia aparece una nota que dice: “Algunos manuscritos no contienen este versículo”? ¿Debemos preocuparnos? ¿Está en riesgo la autoridad de la Palabra de Dios?

La respuesta es clara: No, la autoridad y suficiencia de la Escritura no están en peligro. Pero para ayudar a la iglesia a entender esto, necesitamos enseñar con claridad y cuidado.


¿Qué es la crítica textual?

La crítica textual es una disciplina académica que busca determinar, con el mayor grado de certeza posible, cuál fue el texto original de los escritos bíblicos. Dado que no tenemos los autógrafos (los documentos originales escritos por los autores bíblicos), esta tarea se realiza comparando miles de manuscritos antiguos.

A diferencia de la alta crítica, que muchas veces parte de una actitud escéptica frente al texto, la crítica textual evangélica es una herramienta constructiva, usada para fortalecer nuestra comprensión del texto bíblico.


La realidad de las variantes textuales:

Es verdad que existen diferencias menores entre los manuscritos antiguos. Sin embargo, respecto de estas diferencias (o variantes) podemos señalar que:

  • Estas variantes representan menos del 5% del texto bíblico.
  • La mayoría de ellas son errores ortográficos, palabras intercambiadas o repeticiones accidentales.
  • Ninguna doctrina esencial del cristianismo depende de pasajes con variantes.

Cuando llegamos a textos como Marcos 16:9-20 o Juan 7:53–8:11, es válido reconocer que hay debates sobre su inclusión original. Pero también es importante señalar que su contenido no contradice en absoluto lo enseñado en el resto de las Escrituras.


Una ilustración que nos puede ayudar:

Una útil ilustración que podemos utilizar para poder entender mejor lo ya dicho, es sobre como utilizamos una regla de medir (este ejempló lo escuché del Pastor Tom Ascol, en una clase sobre Predicación en el CBTS):

“¿Cómo sabemos cuánto mide una yarda? Hay un patrón oficial en Washington D.C., pero tú no vas allá cada vez que mides. Usas una regla confiable, y si tienes muchas reglas, comparas y descartas las que claramente están mal. Así, llegas a una medida precisa. Lo mismo hacemos con el texto bíblico.”

Así, los estudiosos comparan miles de manuscritos y detectan con gran precisión el texto original. Por eso podemos decir, con toda seguridad, que la Biblia que tenemos hoy es la Palabra de Dios, inerrante e infalible.


Predicar con convicción y confianza.

Teniendo presente todo lo anterior, el llamado para los pastores es doble:

  1. Enseñar a la iglesia que el proceso de transmisión textual no debilita, sino que refuerza la confiabilidad que como creyentes debemos tener en la Biblia.
  2. Predicar con autoridad, confiando en que Dios ha preservado Su Palabra a través de los siglos, teniendo versiones confiables de la Palabra escrita de Dios.

Como dijo Spurgeon:

“La Palabra es como un león; no necesita que la defiendas. Suéltala, y se defenderá sola.”


Conclusión:

La crítica textual no es una amenaza, sino una bendición cuando es bien entendida. Ayuda a la iglesia a ver que la Palabra que tenemos en nuestras manos es digna de plena confianza.

Frente a un mundo que siembra dudas, el pastor debe ser un hombre que proclama con gozo: “¡Así dice el Señor!”, sabiendo que lo que predica es la Palabra viva, eterna e infalible de Dios.

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